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DESDE EL INFRAMUNDO DE LA VÍA SIETE

septiembre 1st, 2010 by kalma

A mí me mata que me engañen. Pero no que me engañen a lo grande, diciéndome que no hay crisis, que van a subirme el sueldo o que terminarán arreglando el socavón asesino de la entrada a mi casa. Esas, ya asumo que son mentiras de envergadura y duración eterna.

La que realmente me subleva es esa mentirita obvia, mezquina, diminuta y molesta.

En el inframundo de la vía siete del cercanías de Atocha, pasa muy a menudo.

Aterrizas en el andén, corriendo, volando a veces, porque la llegada del tren está prevista para dentro de dos minutos y empujas y haces equilibrios por la escalera mecánica y te colocas en el lugar estratégico para lanzarte enloquecida a pillar asiento.

Y… entonces…Entonces no ocurre nada. Dos minutos… Tú sabes que han pasado siete, pero el dos sigue ahí, aferrado al letrero. En la vía seis y en la ocho, los trenes y el tiempo discurren con normalidad, incluso con frecuencia, mientras ese obcecado número dos, el del cartel de la vía siete, se resiste a esfumarse. De pronto ¡Oooohhhhh! El UNO tembloroso aparece en el luminoso. Queda un minuto… Te vuelves a cargar de adrenalina, a prepararte para entrar en tromba por la puerta y conquistar un sitio con expresión triunfante…Nada. El uno permanece imperturbable. Ese minuto ferroviario, elástico y subterráneo, en realidad son cinco eternos minutos de los de verdad, de modo que cuando llegas por fin al trabajo, un cuarto de hora tarde, tu jefe  no está para muchas músicas y no te cree cuando le hablas del mundo atemporal de las vías.

Pero el problema de los embustes del inframundo de la vía siete, no se queda en lo anómalo de la percepción del tiempo. Rizando el rizo, también la dimensión del espacio está trastocada. Porque una vez que consigues subirte a ese bendito tren, desde el asiento, arrebatado a otro infeliz madrugador, puedes ver un cartelito negro, con letras amarillas que reza así: “Capacidad máxima 248 viajeros, 66 sentados”. Ja, ja, ja. (Léase risa sarcástica, escéptica y cualquier otra palabreja esdrújula que signifique estupor ante la ignorancia del que ha mandado escribir semejante cosa)

Solo un mortal que levite de aparcamiento en aparcamiento sin bajar siquiera a las profundidades de los andenes, puede haber hecho ese cálculo.

Porque en Atocha, a las ocho y cuarto de la mañana, no solo se ocupan los 66 codiciados asientos de cada vagón…Cerca de cincuenta personas  ya van de pie, en equilibrio traqueteante y adormilado. Pero ¡Ay Señor!… Méndez Álvaro es otra cosa. Un conjunto heterogéneo, multitudinario y resignado de peregrinos laborales, aguarda en posición de escape, no ya para encontrar libre uno de esos 66 asientos (eso sería una quimera), sino para entrar a presión donde caigan.

Y así, estación tras estación, el vagón deja de responder a las leyes de la física que casi todos hemos tenido el gozo de aprender en la escuela y adquiere una dimensión alucinantemente elástica en donde cabemos todos. ¡Y cabemos! Pero el no va más de la irrealidad es que cabemos con nuestros periódicos abiertos y nuestros libros y nuestros bolsos. ¿No es asombroso?

En Príncipe Pío se produce un vacío serio, casi deprimente y los apretones, clavadas de codos y picos de hojas de periódico en los ojos, pierden intensidad hasta casi desaparecer…¡No se preocupen! Es solo un vacío de media fracción de segundo, porque se suben a tu vagón el doble de personas que se han bajado y  aunque no se lo crean, seguimos cabiendo. Las puertas no cierran al principio, eso es verdad…La gente se desborda hacia fuera, como en los mejores chistes de Forges, pero apretando…un poco más… ya casi…venga, muévase un poquito más (póngase aquí entonación de sobre esfuerzo)¡Siiii! se consigue la proeza mientras suena un pitido reiterado avisando de que el conductor se está mosqueando.

Y así entramos en calor, plantados como pinos, sin que las curvas, los frenazos y los arranques del tren consigan que el bloque del pasaje, que sobrepasa dos o tres veces la capacidad máxima que ha calculado el graciosillo del cartel, se mueva un pelo.

Y cuando llegas a tu destino, te das cuenta de que el tiempo que te has tomado de madrugada para ducharte (eso lo digo por mí y alguno más, porque hay gente que deja lo de la higiene para el fin de semana,), pintarte el ojo, peinarte y todos esos requisitos imprescindibles pare estar presentable en el trabajo, han sido absolutamente baldíos porque cuando te bajas del tren eres una superviviente desencajada, sudorosa, despeinada y lo que es peor, cabreada.

Y empiezas tu jornada laboral con los ojos inyectados en sangre, tensa como un resorte para engullir a cualquiera que te tosa.

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El embarazo

agosto 26th, 2010 by kalma

Otras veces había sido incómodo pero soportable. Los sofocos, la agitación, las palpitaciones, el peso en el vientre…  Pero al cabo del tiempo, los síntomas cesaban y volvía a encontrarme bien.

Ahora la cosa empeoraba. No conseguía comer, estaba mareada, me flojeaban las piernas. Cuando más cerca estaba el día, peor me encontraba. Y aquella mañana de mayo, ocurrió.

Todos me felicitaron, me aplaudieron y esperaron que pronunciara unas palabras. No hubo caso. Cuando subí a recoger el ansiado premio, el embarazo y el rubor se adueñaron de mí y solo pude articular un raquítico y tembloroso “gracias”.

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No eres tú

agosto 26th, 2010 by kalma

Ocupas mi espacio sin preguntar, sin preguntarte nada, inundando mi silencio con tu estrépito

No es tu tacto el que deseo…No es la ausencia de tu piel la que me quema. No es tu timbre de voz el que ansío escuchar en la penumbra.

Obtuso estratega, sutil como un tanque…¡Qué poco escuchas, qué poco sientes, qué poco sabes!

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Te guardo

agosto 26th, 2010 by kalma

Guardo tu sitio en la luna. Guardo tu trozo de tarta y tus zapatillas. Guardo tu beso en mi beso y tu calor en mi almohada. Guardo tu nieve en mi nevera.

Me gusta tu nieve.

El día que me la trajiste en una bolsa, desde la cumbre hasta la playa e hiciste un muñeco sobre la arena, con ojos de concha, pelo de algas y un turbante de toalla multicolor, anudaste mi vuelo a tu locura.

Corrimos a guardarlo al congelador entre besos y risas… Y ahí sigue. Nunca desenchufo la nevera.

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Ya estoy loca.

agosto 25th, 2010 by kalma

Ya estoy loca amor… Loca de ti.
Me gusta que insistas.

 Me siento feliz de tener un marino tan diestro transitando mis aguas.
Sonrío cómplice contigo.

Sé que cuando somos uno, no hay dique que nos contenga.
Me gusta sentir tu deseo. Me siento hermosa.

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SOLO UN TRABAJO

agosto 25th, 2010 by kalma

Me acerco y anoto sus nombres.

Son muchísimos. Dos mil quinientos cada vez. No los miro. Intento no recordarlos.

Cada nombre, un número tatuado, cada cifra en su casilla.

Es solo un papel, una lista como tantas. Sí… Es solo una lista.

La entrego en las duchas y me alejo, pero nunca camino lo suficientemente rápido.

Los números me muerden la nuca  cuando los ladra el altavoz. Hay sollozos, gritos, desvanecimientos, despedidas. Un cerrojo, terror, silencio…

Es mi trabajo, me digo mientras huyo… Solo es trabajo.

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El Ladrón de sombreros

agosto 23rd, 2010 by kalma


Este ha sido mi primer libro publicado.
Un lujo, sin duda, trabajar con Rafa Vivas y un orgullo, puesto que obtuvimos el primer premio en el III Concurso de álbum ilustrado del Cabildo de Gran Canaria.

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